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El Alcohol y La Adultez

Heidi Yadira Borda Tamayo

¿Recuerdan esas épocas de secundaria cuando era divertido salir con los amigos(as) a algún hueco o encerrarse en una casa solo para tomar? Esas veces en las que nuestra única preocupación era qué iban a servir en el kiosco de la escuela, o cómo escaparnos de ella para irnos a holgazanear por ahí, o qué excusa inventaríamos a nuestros papás para poder salir el sábado por la noche, o la pichanguita del domingo o el encuentro con los amigos para jugar play station. Esas veces en las que los estudios eran lo último en lo que pensábamos y experimentar cosas nuevas era lo que más ansiábamos. Esos “años maravillosos” de nuestra adolescencia en la que todos nos sentíamos incomprendidos y hacíamos cosas sin pensar o tan sólo porque nuestros papás nos lo habían prohibido…sí, era chévere ser rebelde, ¿no? Hacer cosas que sabíamos que los harían renegar era como nuestra pequeña venganza por no habernos dejado salir un sábado o no ir a ese Quince. Muchos recurrían al alcohol, otros a los fallos, primero eran los de tabaco pero si realmente querías sentir algo nuevo sucumbías a las sutiles sugerencias de los amigotes, y hacías un viaje astral con ellos y Mary.

El objetivo de probar todas estas cosas era básicamente sentirse…estúpido; sí, admitámoslo, nos gustaba la sensación de desinhibición y falta de equilibrio que el alcohol nos proveía, nos gustaba el mareo pasajero que sentíamos cuando fumábamos cigarrillos, o la sensación rara que la marihuana nos hacía sentir: ver todo en cámara lenta, tener ideas geniales en nuestra cabeza pero al expresarlas a nuestros amigos o no las recordábamos o simplemente no sonaban tan inteligentes como en nuestras mentes; y el hambre voraz y los ojos chinos… en fin todas esas cosas nos parecían tan bacanes que pasamos gran parte de nuestra adolescencia y juventud haciéndolas.

Incluso en la universidad seguimos con eso, claro que muchos sí se metieron de lleno a los estudios dándose cuenta que los cursos que nos hacían sufrir en cole no eran nada comparados con los que estábamos llevando en universidad, y sintiéndonos agobiados talvez recurríamos al alcohol. Nuestros años dorados en universidad estaban irremediablemente ligados al factor -OH, ya sea para celebrar que dimos un examen bien o para ahogar las penas porque lo dimos mal, o simplemente porque el examen había sido cancelado. Y cómo olvidar los viajes de campo, los sampamentos o campamentos chupísticos, por supuesto que era inevitable. ¿Qué más se suponía que podíamos hacer para no aburrirnos en esos lugares alejados de la civilización? Después de haber caminado todo el día cargando nuestras mochilas necesitábamos algo para socializar con los compañeros, no? Y como nunca faltan los comedidos, siempre habían patas que llevaban provisiones. Así la maleadera continuó hasta finales de nuestros adorados 20’s e incluso bien entrados en nuestros 30’s.

Y finalmente llegamos a ese punto de nuestras vidas (aunque muchos no llegan nunca) en el que usar todos esos estimulantes y hacer todas esas locuras con los amigos simplemente porque sí ya no es tan satisfactorio como solía serlo. Es entonces que muchos tienen la gran resolución de no tomar más… o por lo menos de no tomar tanto (osea hasta estar en el suelo). Pero esto es muy diferente de todas las veces en las que después de una juerga criminal y una resaca igualmente criminal, prometimos nunca más volver a tomar, pero volviendo a hacerlo la semana siguiente. No, esto es una decisión consciente, una decisión de adulto. Efectivamente, este es el momento en el que nos damos cuenta de que ya somos adultos a pesar de que en nuestros corazones sigamos sintiéndonos como de dieciséis.

Ser un adulto es algo que muchos no quieren aceptar porque implica responsabilidades, implica más decisiones, y sobre todo implica cambios: dejar atrás nuestra vida desordenada y “sentar cabeza”, talvez casarse y tener hijos, claro que esa vida no es para todos y como es un poco difícil luchar contra la ley natural eventualmente la mayoría sucumbe.

Pero lo realmente significativo es darse cuenta de que uno no necesita todos esos estimulantes (alcohol, tabaco y otras drogas) para pasarla bien. Hemos vivido de todo y han habido ocasiones (muy raras por cierto) en las que nos hemos divertido sin necesidad de usar todo eso. A pesar de la muy popular frase: “si no lo recuerdas es porque la pasaste genial” llegamos al punto en que reconocemos que talvez hubiera sido mejor recordarlo, y eso no quiere decir que le estemos diciendo adiós al alcohol… sino más bien hola a una época de moderación y de empezar a cuidar nuestro pobre y trajinado cuerpo, eso si es que queremos vivir y seguir pasándola bien; sin embargo hay muchos para los que el sentido de autodestrucción es más fuerte y continúan por ese camino, no se preocupen a ese paso lo van a lograr.

La vida para los que ya hemos celebrado nuestro cuarto de siglo en este planeta es ahora un poco más tranquila, pero eso sí, ¡nadie nos quita lo bailado! Salimos con los amigotes o con los colegas (para los que ya no son parásitos en casa de papi y mami y ahora se ganan su propio dinero) y vamos a cenar, y a tomar alguito, ¿por qué no? Pero ahora disfrutando de una buena conversación y claro…rajando del jefe también. Si después todos deciden ir a una disco, entonces bienvenido sea, pero ya no para capturar algún(a) incauto(a) sino simplemente para desestresarse después de una semana muy tensa.

Entonces ¿cuáles son las perspectivas para nuestro futuro? ¡Seguir pasándola bien, por supuesto! Pero con la experiencia y sabiduría que hemos adquirido en esta treintena de años. Recordemos que un coma etílico no es sexy, y para tal caso la sirrosis tampoco es cool.

Foto: Flickr



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Comentarios (4)Add Comment
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KARINA
02 junio, 2010
200.48.82.254
Votos: +0
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Este Artículo refleja las experiencias de muchos de nosotros, creo que la vida tiene etapas que debemos disfrutarlas en su momento, experiencias que nunca se olvidan que quedan grabadas en nuestras mentes y corazones, pero como dice Heidi debemos sentar cabeza y experimentar nuevas cosas con responsabilidad, sin hacernos daño, ni a los que nos aman.
Vivamos la vida pensando siempre en el futuro de nosotros y de los que posiblemente lleguen despúes.

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Eyner
02 junio, 2010
200.108.107.59
Votos: +0
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Pucha..yo no podria opinar mucho al respecto por la vida tranqui que lleve hasta ahora,pero mequedan las ganasdeprenderme unbuen viaje algundia de estos ..jaja

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samuel
03 junio, 2010
64.209.31.132
Votos: +0
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interesante apreciacion, realmente una cronica detallada de la vida que muchos o muchas llevan o llevaron, pero cabe nada mas decir que la vida esta llena de cosas que no tienen logica, ...y son justamente estas las que la hacen mas interesante...pero sin caer en la estupiez y la mediocridad...
un beso te felicito por el articulo.

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Bryan Rado
06 julio, 2010
200.108.107.74
Votos: +0
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Que nostalgia al leer tu artículo... yo pasé algo así, aunque algo más fugaz, creo que aprendí esa lección antes que muchos, y realmente estoy completamente de acuerdo que uno no necesita esos estimulantes para pasarla bien...

Genial tu artículo mi querida políglota, haber si nos lo pasas en quechua, inglés, francés y alemán y si aprendiste otro idioma más en ese también...

Un beso y un Abrazo

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