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Rompe
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De la Montaña al Mar

Ana Karina Junes

Tratar de mantener el equilibro en una delgada vereda del puente no hubiese sido un problema, pero la lluvia empezaba a acentuarse un poco, entonces serpenteaba entre los charcos con la ropa empapada mientras trataba de recordar si era Augusto su nombre o su apodo Chelo. Finalmente se gritó lo último. ¡Chelo! ¿Cuánto más vamos a caminar?

Como en casi todas las ciudades de la selva el paisaje de motos y mototaxis es implícito, bien podría subirme a cualquiera pero el anfitrión cuenta que no en todas las selvas es seguro, al parecer Chelo es tan conocido en Tarapoto como los helados Muyuna, una suerte necesaria una vez que salíamos del concierto de los Hermanos Yaipén. Mientras seguíamos caminando empapados empecé a comparar la ciudad, jamás en Puerto Maldonado he visto un mar de motos a las afueras de las discotecas, en Tarapoto no existe taxi de moto lineal y no hay copazú, fruta de mi adicción durante el año que viví en Madre de Dios. Mi expectativa por descubrir la zona era real desde el momento que dejé el nocturno vuelo de Lan.

Así iniciaba el recorrido por el tan pomposamente promocionado circuito nor-oriental que hasta ahora no encuentra el nivel de planta turística óptimo para su verdadero impulso, sin embargo con este viaje pude constatar el gran esfuerzo del sector privado por querer que este corredor funcione y tal vez así poder descentralizar el tan explotado circuito sur que como todos hemos sido testigos depende del foco llamado Machu Picchu.

Tarapoto es una ciudad rodeada de montañas verdes, con un calor abrasador que nos obliga a vestir nuestras más mínimas prendas, las calles levemente empinadas me dan otro indicador fundamental entre la diferencia con Puerto Maldonado: nos encontramos en selva alta, a diferencia del paisaje plano de Madre de Dios, al caminar por la ciudad nos sentimos rodeados de vegetación. Además es una ciudad más comercial que no deja de moverse en todo el día, perfecto para terminar en el Stonewasi con la cerveza más helada.

Lo más popular de la ciudad es ir al distrito de Sauce a conocer la Laguna Azul, nombre adaptado de aquella película de Randal Kleiser con la idea de atraer a esas tierras todo el concepto de la romántica laguna perdida. Lo mejor es coordinar la visita el día anterior, ya que los carros salen entre las 8.30 a 9.30 am, el costo varía entre 70 a 80 soles (24 a 28 dólares), incluyendo almuerzo, ya que se pasa la mayor parte del día allá y se regresa a la ciudad alrededor de las 6 pm. Unas dos horas aproximadas dividen a Tarapoto de Sauce, incluyendo un cruce del Huallaga que demora de acuerdo a la cantidad de carros que estén esperando el pase. A medida que el sol se va imponiendo sobre nosotros las ganas de correr al agua se incrementan. Tal vez no estemos perdidos, pero si el agua de la laguna me pudiese arrastrar ya me hubiese dejado llevar.

Pero a donde tenía que dejarme llevar era hasta Amazonas, el principal motor de mi viaje. Cinco en punto de la mañana el bus de la empresa GH sale de Tarapoto hasta Pedro Ruíz, llegando aproximadamente al medio día. Entre la somnolencia se logra distinguir Moyobamba, famosa por sus orquídeas y a quien tuve que pedir perdón a la distancia por no poder darme el tiempo de pisar sus frescas tierras. Pero si algo me enseñó este viaje es que para recorrer ampliamente este corredor se necesitan dos semanas de buen ánimo y no sólo una, como erróneamente pensé.

Una vez en Pedro Ruíz empezó la odisea de conseguir un carro que nos lleve a Cocachimba, poblado en el que se encuentra Gocta, una de las caídas de agua más altas del Perú, con 771 metros en totalidad, ya que la catarata cuenta con dos caídas, una de 231 m. y la segunda con 540 m.  Rehusando subir a mototaxis una lugareña apareció para nuestra suerte. Una vez subí a una en Cocachimba y casi se cae la moto. Fue suficiente para esperar con paciencia algún transporte colectivo que la amable señora se encargó de buscar. Carro lleno, empezamos la travesía de media hora que se convirtió en dos horas al encontrar el camino interrumpido por la colocación del desagüe. La idea de caminar a Gocta en la tarde se vio cancelada, pero la espera nos dio la oportunidad de conversar con la gente de alrededor, en una comunidad donde claramente se nota que no han llegado los malos vicios de los grandes distritos, aquellos que todos sabemos corrompen las sociedades más pequeñas. Cocachimba es un lugar para enamorarse, del paisaje, de su gente, de la paz y la armonía de una comunidad que nos abre sus casas y su corazón al mostrarnos la belleza de Gocta. Gente que con mucha ilusión espera que el tan promocionado turismo les abra poco a poco las puertas del tan ansiado progreso.

Superado el percance arribamos a la plaza principal del poblado, ya tarde, decidimos que lo mejor era disfrutar del lugar y empezar la caminata a Gocta temprano por la mañana. Dos horas de camino nos esperaban para poner a prueba a los citadinos extremos, para adentrarnos a la espesura del bosque húmedo e imaginar que hacemos el mismo peregrinaje de Stefan Ziemendorff cuando se propuso llegar a la base de la catarata, hecho que pareció insólito a los lugareños que se habían acostumbrado a contemplarla a la distancia.

En la base de la caída sólo queda descansar, expandir los pulmones y sentir la belleza del lugar mientras don Epifanio, nuestro guía local, empieza a contarnos innumerables historias, no sólo de Gocta, también de los poblados. Vincent, un francés conocido en la ruta, animó a don Epi a que escriba un libro, espero que lo haya pensado.

Dejamos Cocachimba para enrumbar a Chachapoyas, eje de donde salen las rutas a Kuelap, Karajía y Leymebamba. El tiempo traicionero nos dio un día más para poder ir a Kuelap, entre la neblina y la lluvia la fortaleza se impone en lo más alto, como si sus intenciones fuesen alcanzar la inmensidad del cielo. Sólo ahí uno se pregunta porqué no existe una ruta más accesible hasta la fortaleza. ¿Dónde se encuentra la descentralización del turismo? ¿Hasta cuando podrá Machu Picchu aguantar el peso de ser el foco de atracción del país? Cuando Kuelap es una majestuosidad en lo alto de la selva.

No me imagino a Chachapoyas como un Cusco, tal vez este es el momento de empezar a hacer las cosas bien, con planeamiento y orden, recreando los correctos parámetros de una actividad turística sostenible, donde la inclusión es el principal objetivo al desarrollar una planta óptima. Por lo menos las principales vías de accesos se están trabajando, con la carretera que llega a Paita y me llevó a probar el segundo acceso, vía Chiclayo. Ya que no existe aeropuerto en Chachapoyas, las dos maneras de llegar son desde Tarapoto o Chiclayo, ciudades que cuentan ambas con conectividad aérea. Otra opción es por tierra directo desde Lima en un viaje de aproximadamente 22 horas.

Llegar a Chiclayo, donde tenía que tomar el vuelo de retorno a Lima, tomó como diez horas, entre las interrupciones por la construcción, imagino que una vez finalizado los trabajos el tiempo se debe acortar considerablemente. Era la segunda vez que pisaba esa ciudad norteña que en mi primera visita me dejó más que alegre con tanta hospitalidad, sin embargo parece que algo ha cambiado. A menos de un año desde la última vez que fui, pareciera que ese encanto tan popular de los chiclayanos se estuviese diluyendo con la brisa. Un poco decepcionada creí encontrar mi respuesta en un puesto de periódicos con las noticias locales, es como si la violencia consumiera los espíritus. Ya no encontré a ese chofer de colectivo que sabrosamente me contaba las historias de Pimentel, ni al chofer de taxi que me decía sus huariques favoritos para ir a comer. Pero Chiclayo sigue siendo calurosa y te llama a correr al mar, disfrutar una tortilla de raya y despedir tan genial viaje con un enorme salud por tan maravilloso Perú.

Tips:

Para Tarapoto llevar ropa ligera, sandalias y ropa de baño.

En Amazonas, tanto en Chachapoyas como en Cocachimba, hace frío ya que es ceja de selva, altura de 2000 m. a más. Por lo que la ropa de abrigo es indispensable.

Llevar un impermeable o poncho, uno nunca sabe cuando puede caer algún chubasco.

Un par de zapatillas a las que no tengas miedo de ensuciar o embarrar.

Para el transporte terrestre existen hasta tres empresas: Movil Tours, GH Bus y Kuelap. Recomiendo los de GH ya que son buses nuevos. El precio de Tarapoto a Pedro Ruíz es de s/40 (US$14) y sólo sale a las 5:00 am. De Chachapoyas a Chiclayo es de s/50 (US$17), hay dos salidas, a las 7:00 pm y a las 10:00 am.

Agradecimientos:

  • Hotel Río Shilcayo – Tarapoto
  • Hotel Puma Rinri - Tarapoto
  • Gocta Lodge – Cocachimba
  • Hotel Puma Urco - Chachapoyas



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Comentarios (1)Add Comment
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Juan Josè
19 mayo, 2010
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Pienso realizar el mismo trayecto vuelo a Tarapoto y regreso a Lima vìa chichayo en Agosto.
Pienso en ir en familia con un niño de 1 año y una niña de 7. A ver si me puedes dar algunos consejos.
Gracias

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